El fútbol brasileño enfrenta el caos con decenas de jugadores infectados por covid-19 y con el protocolo sanitario en jaque

La Liga de fútbol de Brasil protagoniza un nuevo capítulo plagado de errores y de acusaciones en plena emergencia sanitaria que ha llevado a la postergación de algunos partidos

Al celebrar la vuelta de los partidos en Brasil, en medio de la pandemia de la covid-19, con el reinicio del Campeonato Carioca en junio, el presidente del Flamengo, Rodolfo Landim, aseguró que los protocolos adoptados para el deporte serían “un ejemplo para otras actividades”. En menos de dos meses, sin embargo, el fútbol se ha mostrado incapaz de consolidar un procedimiento inmune al ritmo desenfrenado de contagio del virus que ya dejó más de 100.000 muertos y tres millones de infectados en el país. Después de la vuelta acelerada de los torneos locales, ahora le toca al Campeonato Brasileño ensayar –y errar– para crear una burbuja artificial que permita que las competiciones continúen con seguridad.

Este domingo, en la Serie A, el partido entre Goiás y São Paulo fue pospuesto después de que nueve jugadores del Goiás dieron positivo por coronavirus. Debido a errores logísticos en el laboratorio acreditado por la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) y responsable de las pruebas, el resultado solo se dio a conocer por la mañana del día del juego, suspendido solo minutos antes del inicio programado por determinación del Tribunal Superior de Justicia Deportiva (STJD) cuando ambos equipos estaban ya en el césped del estadio Serrinha. Al perder a prácticamente todo su equipo, el Goiás tuvo que convocar a última hora a otros jugadores para el partido, como el arquero suplente, Matheus, que estaba en un almuerzo del Día del Padre con su familia y no fue testeado antes de incorporarse a la formación.

“Hubo una falla grotesca. La complejidad de este test es enorme y yo ya imaginaba que eso podía pasar”, protestó el presidente del Goiás, Marcelo Almeida, al cuestionar los métodos aconsejados por la CBF después de la postergación del juego. “Pero esperaba errores menores, no tan catastróficos. Antes del partido, nadie sabía si se iba a jugar o no. Una situación inusitada, que va a provocar un perjuicio financiero, porque el Goiás gastó mucho dinero con la organización del partido y nadie va a pagar esa cuenta”.

Por otro lado, aunque haya estado de acuerdo con la suspensión del duelo, la comisión directiva del São Paulo exigió más seriedad a las instituciones involucradas en el campeonato, desconforme por haber tenido que concentrar a su equipo y alquilar un vuelo hasta Goiânia. “Volver a casa sin poder disputar el partido nos recordó la importancia de que el mismo profesionalismo que practica el São Paulo se refleje en otras instituciones. Necesitamos responsabilidad frente a una enfermedad que ya provocó más de 100.000 víctimas en Brasil”, declaró el club en un comunicado.

Daniel Alves, principal jugador del equipo, también se indignó con la situación, enojado por una supuesta falla de cumplimiento del protocolo por parte del club adversario. “Lo que pasó hoy es inadmisible. No podemos, por irresponsabilidad, vivir el tipo de cosas a las que fuimos expuestos. O tomamos conciencia de que somos profesionales o lo que estamos haciendo es una pérdida de tiempo. Si la vida es lo más importante, entonces el resto no tiene sentido.” La publicación de Alves en Instagram fue rebatida por Rafael Moura, uno de los jugadores del Goiás infectados por coronavirus, que rechazó que hubiese falta de compromiso de su equipo con las medidas de prevención. “Lamentablemente, estamos expuestos a un virus invisible, le puede pasar a cualquier atleta que esté dispuesto a salir de casa para ejercer su profesión”, justificó el delantero. “Tal vez uno de nosotros, infectado, contagió a los demás entre un test y el siguiente. Es algo que debe hacernos reflexionar sobre la forma en que se hacen los tests, o aumentar su frecuencia”.

De acuerdo con el protocolo de la CBF, todos los jugadores y miembros de la comisión técnica deben ser sometidos a una prueba 72 horas antes de cada partido. Los profesionales infectados quedan en cuarentena por 10 días y, tras ese periodo, pueden regresar a sus actividades siempre y cuando hayan permanecido asintomáticos. Sin embargo, el intervalo entre la realización y el resultado de los tests ha mostrado ser una ventana de posible contagio indetectable, que pone en riesgo a otras personas. “Nuestra mayor preocupación son nuestros familiares, con quienes tuvimos contacto antes de la concentración y probablemente ya infectados”, dice Rafael Moura. “Somos testeados un día y el resultado sale recién al día siguiente. En ese ‘tiempo ciego’, tenemos contacto con familiares y compañeros del equipo, lo que puede provocar el contagio colectivo. La situación es grave y complicada”.

Además del caso del Goiás, la ronda inaugural de los torneos nacionales mostró fallas del protocolo en otras divisiones. En la Serie B, el CSA entró al campo de juego contra el Guarani después que ocho de sus jugadores fueron apartados por diagnóstico de la covid-19. En la tercera división, el juego entre el Imperatriz, de Maranhão, y el Treze, de Paraíba, también tuvo que ser postergado por el contagio de 12 de los 19 jugadores del equipo maranhense. El Vila Nova, por problemas semejantes a los que afectaron los testeos del Goiás, supo que uno de sus jugadores estaba con coronavirus apenas 14 horas antes del partido contra el Manaus, en el hotel donde la delegación estaba concentrada. El equipo goiano había viajado para la capital del Amazonas el día anterior, saliendo del Estado donde los nuevos casos de coronavirus aumentaron más de 170% en la primera semana de agosto. “El fútbol debe estar viviendo en un mundo surrealista. No hay público, pero el avión está repleto”, provocó el presidente del Vila Nova, Hugo Jorge Bravo. A pesar del resultado positivo, el juego se realizó con normalidad.

Las fallas en los tests del Vila Nova y el Goiás ponen en evidencia la falta de credibilidad de los resultados, recogidos y analizados por laboratorios del hospital Albert Einstein, de São Paulo, que colabora con la CBF en el proceso de pruebas de los deportistas. A fines de julio, un lote de tests del hospital presentó 13 falsos positivo de jugadores del Red Bull Bragantino en las vísperas de los cuartos de final del Campeonato Paulista. El club realizó tests en otros laboratorios por cuenta propia, que dieron negativo. En un comunicado, la CBF informó que “la decisión de postergar el partido entre Goiás y São Paulo fue guiada por la decisión [del STJD] de preservar la salud de los jugadores” y agregó que ya se había comunicado con el hospital Albert Einstein para pedirle que “asegure el cumplimiento del plazo correcto de envío de los resultados de los exámenes, manteniendo su calidad y confiabilidad”.

El papelón de las suspensiones ya en la primera ronda del Brasileirão obligó a una adaptación del protocolo. A partir de ahora, los clubes podrán escoger los laboratorios en que realizarán los tests, no siendo más obligatoria la certificación del hospital autorizado por la CBF. Antes, el Corinthians ya había avisado que no haría tests en el Albert Einstein, alegando “diversas fallas e inconsistencias en los tests realizados hasta ahora por otros equipos”. A su vez, la comisión directiva del Goiás pide que todos los profesionales que hayan tenido contacto reciente con deportistas infectados –y no apenas los que dieron positivo– sean puestos en cuarentena. De acuerdo con el director médico de la confederación, Jorge Pagura, los ajustes al protocolo van a ser “como cambiar el neumático con el auto en movimiento”, a partir de las necesidades detectadas en el transcurso de las competiciones.

Renato Gaúcho, técnico del Grêmio, exigió igual tratamiento para todos los equipos, con pruebas obligatorias antes de los partidos, aunque reconoció que la realidad de la pandemia es diferente en varios Estados. “Va a haber nuevos problemas de ese tipo –y serán muchos”, afirmó el entrenador al comentar la suspensión del partido entre Goiás y São Paulo. “Ese test [de la covid-19] es muy molesto hacerlo cada tres días. Si fuese solo un partido por semana, sería más fácil. Estamos viviendo un nuevo tiempo.”

Para hacer viable la “nueva normalidad” de sus campeonatos y conseguir finalizar la actual temporada en febrero de 2021, la CBF celebró, el viernes pasado, un acuerdo con la Federación Nacional de Atletas del Fútbol Profesional (Fenapaf), por el cual se reduce el intervalo mínimo entre partidos del mismo club, de 66 a 48 horas. El sindicato que representa a los jugadores estuvo de acuerdo con la flexibilización de los términos firmados en 2017, que buscaban la recuperación física de los miembros de cada equipo, con el objetivo de “garantizar el trabajo seguro de los deportistas”. Con más partidos en menos tiempo durante la pandemia, la demanda por tests de coronavirus aumenta en la misma proporción que los riesgos de infección a lo largo de la rutina de concentraciones, viajes y escalas en aeropuertos que el fútbol trata de normalizar –aún sin éxito– bajo el vergonzoso eufemismo de “protocolo”.