El Liverpool y el United sufren palizas escandalosas

El Aston Villa barre 7-2 al conjunto de Klopp, récord negativo de los ‘reds’, y el Tottenham golea 1-6 en Old Trafford. “Esto es histórico”, dice Mourinho.

El fútbol todavía no ha descubierto el verdadero alcance de la pandemia de coronavirus. La ausencia de público en los estadios parece tener consecuencias tan poco estimulantes para los jugadores como escandalosas en los marcadores. Este domingo, la tendencia se desbocó. El Bayern, el campeón de la Champions, estuvo a punto de empatar en su campo ante el Hertha (4-3) en una tarde aciaga de Kimmich; el United igualó en Old Trafford la goleada más abultada de su historia en Primera División ante el Tottenham de Mourinho (1-6); y el Liverpool, el penúltimo modelo de éxito total, que parecía crecido tras la conquista de la Premier, cerró su visita al campo del Aston Villa sufriendo la peor goleada de su historia (7-2).

No estaba Thiago, enfermo de covid, ni Sadio Mané, último infectado. En lugar del extremo jugó el recién fichado Diogo Jota. En la portería tampoco figuraba el titular, Alisson, sustituido por el español Adrián. Con frecuencia los hombres explican el funcionamiento de los equipos. Las bajas pesaron en el juego del Liverpool, pero no de manera tan brutal. El primer gol del Aston Villa fue consecuencia de una mala salida de Adrián, que le dio la pelota a Grealish al borde del área. El ingenioso enganche inglés asistió a Watkins, autor del 1-0. Corría el minuto cuatro y nada hacía suponer que se avecinaba un tsunami.

Klopp: “Cometimos errores enormes”
“El Aston Villa hizo un fútbol directo, inteligente, enérgico”, dijo Klopp; “ellos hicieron muchas cosas buenas y nosotros no. A ellos les entraron las ocasiones y a nosotros no. Cometimos demasiados errores. Errores enormes, comenzando por el error que provocó el 1-0. Después del 1-0 perdimos el hilo del partido, y no es una excusa. Permitimos contragolpes groseros. No supimos proteger la pelota en lugares donde no te puedes permitir perderla”.

“Es histórico para el Tottenham, histórico para mis muchachos, y no puedo negar que es histórico para mi”, sentenció José Mourinho. En su retorno a Old Trafford, el estadio que fue su casa en el periodo más oscuro de su carrera como entrenador, Mourinho debió sentir que se desquitaba. A lo grande, además, porque su nuevo equipo, el Tottenham, propinó al United una paliza en toda regla: 1-6. La goleada igualó la peor derrota de la historia del United en su estadio. La última vez ocurrió el 23 de octubre de 2011, frente al City de Pellegrini, un día que Balotelli se levantó inspirado, o lo inspiraron entre Silva y Agüero. Este domingo, más que ejecución, se trató de un caso de autodestrucción.

Mourinho estaba eufórico. “Nos preparamos muy bien tácticamente y también psicológicamente”, dijo el portugués. “Estábamos tan preparados que ni un penalti en contra y un 1-0 en el primer minuto nos afectó”.

La preparación, ya se sabe, es responsabilidad de Mourinho. El éxito le corresponde, dice. Pero la realidad parece más compleja. Todo se origina en los fundamentos. El Tottenham que heredó Mourinho de Pochettino hace un año es un club y un equipo mucho más definido que el United que heredó Solskjaer de Mourinho en la Navidad de 2018. Aquello era un barco perdido en altamar con una brecha en el casco. Hoy es un naufragio. La ausencia de público ahondó en el desánimo generalizado de sus jugadores, tan perdidos como tristes.

Davinson Sánchez derribó a Martial en el área de Lloris cuando el cronómetro contaba medio minuto de partido. Fernandes metió el penalti y, con la ventaja, se exhibió toda la penosa verdad del United.

Remontada a quemarropa
Apenas exigido por un Tottenham que Mourinho ha sabido organizar en su versión más fortificada, el United comenzó a regalar goles. Hasta cuatro entregó en bandeja en la primera parte. El 1-1, a la salida de un saque de banda que Pogba desvió, contra toda lógica, hacia su área, para que una vez allí la pelota rebotara de la cabeza de Maguire a la cabeza de Bailly en una sucesión absurda que acabó con Maguire placando a su compañero, Shaw, en un intento desesperado porque Lamela no rematara en el área chica. Del disparate se aprovechó Ndombélé para fusilar a De Gea a quemarropa.

El 1-2 fue producto del ingenio de Kane para sacar una falta que tomó por sorpresa a Bailly y a Maguire, desbordados por la carrera y la definición de Son. Lograda la remontada, el Tottenham permaneció en su campo apostado con cuatro defensas y tres pivotes, Sissoko, Hojberg y Ndombélé, a la espera de la transición rápida con Kane, Lamela y Son. Fue el escenario ideal para el contragolpe. No se produjo apenas ninguno. En el minuto 27, mientras los jugadores se preparaban para un córner sobre el área del United, hubo un forcejeo aparentemente banal. Lamela le soltó el codo a Martial y el francés le dio el bofetón más ingenuo, melifluo y reprimido que se recuerde en un campo de juego. El árbitro, claro, expulsó a Martial.

Con diez, el United multiplicó sus defectos. Indefinición, desorden, falta de fe. Unos iban a presionar, otros se quedaban, y otros se arrepentían. Matic, Pogba y Fernandes intentaban repartirse el mediocampo y se pisaban. Los centrales no sabían ni qué botas calzaban y arriba Radford se apagaba en la intermitencia. Bailly le entregó un balón a Kane a dos metros del punto de penalti en el 1-3 y Aurier y Son le tiraron un doble caño a Maguire y De Gea en la acción que precedió el 1-4. Al volver del descanso el United salió a taparse, más que a jugar. Aurier y Kane, de penalti, completaron el tormento.

El 8-2 del Bayern al Barça en la última Liga de Campeones pudo ser algo excepcional. También pudo ser la norma de la nueva normalidad.