Filtran contrato de Messi y Koeman advierte: “Si alguien de dentro lo ha filtrado, no puede seguir en el club”

El técnico del Barcelona lamenta la publicación del contrato del 10 y advierte: “Hay gente a la que le interesa hacer daño al Barça y a Messi”

Casi al cuarto de hora del encuentro, Dembélé sacó un centro envenenado que la defensa del Athletic despejó como pudo. Pjanic la recogió en el balcón del área y soltó un chut mordido que Messi, que apareció de la nada, trató de dar sentido con un giro de pecho, con un golpeo de tórax que por poco no bate a Unai Simón. Fue un remate con el escudo que recordó a ese de 2009, en la final del primer Mundial de Clubes frente a Estudiantes, cuando con el corazón envió la pelota a la red para celebrar el primer sextete azulgrana. Era tiempo de vino y rosas. Nada que ver con ahora.

Erosionada la relación con el paso de los años de tal forma que el 10 ya pidió irse del club en verano —negada la mayor por hacerlo fuera de plazo contractualmente hablando—, pocas ganas tiene ahora de acabar su carrera donde la empezó, de ser un one club man como suspiraba la hinchada azulgrana. “Nuestro deseo es que acabe su carrera aquí porque le debemos mucho y él también al club. Pero él decidirá”, señaló Guillermo Amor, responsable de las relaciones institucionales del primer equipo del Barcelona. No parece sencillo y menos después de que El Mundo revela los números de su contrato, pues el entorno del jugador advierte que irá a juicio, hastiado con el club (o con quien sea) por la filtración. “Lo que ha sacado la prensa es con muy mala intención y para hacer daño a un jugador que ha hecho muchísimo por este club. No lo entiendo y si es alguien de dentro del club está muy mal. Si es así, no puede tener futuro en este club”, resolvió Koeman con cara de pocos amigos; “Messi ha ayudado a hacer este club muy grande y a ganar títulos importantes. Vamos a dejar los contratos y otras tonterías. Hay gente a la que le interesa hacer daño al Barça y a Messi”.

“Parece que alguien lo ha filtrado. El club también se tiene que defender de esto si no ha sido partícipe…”, replicó Amor. Pero cuando la pelota rueda, Leo es otro. Juega y sonríe. Y nunca nadie lo hizo como él. “Ya ha vivido de todo y ha estado en muchas batallas. Por lo que ha demostrado, no le ha afectado. Pero él, como todo el equipo, que está muy aislado del ruido que hace el entorno, que decía Johan Cruyff”, convino Amor. “Es una leyenda y ojalá podamos seguir disfrutando de él y que nos ayude a ganar”, señaló Griezmann. Ante el Athletic lo hizo. “Ha demostrado que es un ganador nato y que sabe ayudar al equipo y ponerse en el partido”, amplió Koeman.

Atornillado de delantero centro, siempre con la licencia de bajar a recibir al tiempo que Pedri o Pjanic le cogían el sitio, Messi evidenció que tenía ganas de batirse con el Athletic. Un rival que ya le sisó la Supercopa hace unas semanas y que le costó una tarjeta roja (dos partidos) por dar un manotazo a un contrario sin posibilidad de jugar el balón. Amenazó de inicio La Pulga con una picadita que Simón desbarató con el cuerpo, excelente al aguantar la embestida y el amago del 10. No se salía Messi con la suya pero no era día para bromas y en una falta frontal, levantó la cabeza y bajó el pie, disparó suave por encima de la barrera y de un Yeray que trató de ponerse bajo el larguero, gol 650 de Messi con la camiseta del Barcelona en 755 partidos. “¡Gooooool!”, gritó Leo con ganas al tiempo que alzaba los puños y le envolvían todos los compañeros, aunque no se le atisbó señal alguna de acritud o reivindicación, acaso más alegría por romper un gafe en el lanzamiento de falta porque ha pasado de meter un gol en 70 intentos a festejar dos en sus últimos cuatro chutes en esa suerte. “Cuando está enchufado, te las clava. Es un golazo y nada que hacer”, resumió con impotencia el central del Athletic, Íñigo Martínez.

No le duró demasiado el júbilo a Leo, que vio como Jordi Alba se hacía un gol en propia puerta. Por lo que volvió a pedir el balón, detenido por el Athletic a las buenas o a las malas, como las tarascadas de Dani García que permitía la vara de medir del colegiado Mateu Lahoz. Pero no desistió y hasta le faltó poco, por ejemplo, en esa asistencia que regaló a Alba o esa otra que dejaba a Griezmann ante Simón, finalmente desviada por la defensa a córner. Pero cuando sí le llegó el esférico (a pase de Mingueza), el francés hizo el segundo para disfrute del Barcelona y también de Messi, que fue a abrazarle con una sonrisa en la cara. Porque eso le pasa cuando juega. Porque nunca nadie lo hizo como él.